martes, 13 de mayo de 2014

Predicación



4° Domingo de Pascua – 11 de Mayo de 2014
Leer: 1 Pedro 2:19-25 – Juan 10:1-10.

En nuestra reflexión nos detendremos sobre estos dos pasajes, que si bien tocan temas diferentes, nos van a ayudar a pensar sobre quiénes y cómo deben servir en la Iglesia, sobre la vida abundante que nos vino a traer (Juan), como así también, nuestra manera de enfrentar las situaciones adversas (1 Pedro).

Para acercarnos al texto del EvJn tenemos que ver qué sucede inmediatamente antes, esto nos va a ayudar a conocer el contexto en el que Jesús puede haber pronunciado estas enseñanzas. El evangelista presenta la sanación del ciego de nacimiento y todo el revuelo que se arma por la misma, como así también, la referencia a los fariseos, quienes por creer que “ven”, permanecen en pecado. De esta manera, el pasaje de hoy tiene que ver con este episodio anterior, y puede ser la reflexión del mismo Jesús sobre lo sucedido.

La primera parte del texto (1:1-6) es lo que se llama una alegoría. Es decir, un relato que utiliza escenas de la vida cotidiana, en la que los distintos personajes u objetos, pueden ser identificados con otras personas. Es necesario mencionar que no se trata de una parábola, porque en estas siempre suelen haber elementos paradojales, cosas que resultan más asombrosas o sin sentido. El mensaje de la parábola trabajará en la mayoría de los casos con esa paradoja. En el caso de la alegoría, nuestro texto, es lo que se llama una presentación “termino a término”. Tal personaje o elemento puede ser tal otro, y así sucesivamente.

Jesús afirma que hay quien entra al redil por la puerta porque el portero le abre (el buen pastor), pero hay quienes entran saltando por otra parte (ladrones). Se dice que al pastor, las ovejas lo escuchan y las puede sacar del redil una por una, cada una por su nombre. Una vez que las sacó, va delante de ellas guiándolas. Éstas lo siguen porque conocen su voz.
Por el contrario, al que entra saltando los muros, no lo van a seguir, sino que se escaparán de él, porque no conocen su voz. Juan nos dice que “ellos no entendieron lo que les quería decir”. Entonces Jesús se puso a explicarles la alegoría (10:7-10).
Jesús les dijo claramente “yo soy la puerta de las ovejas” y los que vinieron antes de mí son los ladrones y por eso las ovejas no los oyeron. Jesús insiste: yo soy la puerta, el que por mí entre se salvará, entrará y saldrá y encontrará pastos (sustento – vida - salvación). En cambio, los otros, los ladrones, vienen a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia.

Se desprende de la explicación de Jesús que a él la gente lo escucha porque no es ladrón y porque lo conocen. Es más, él también los conoce, tanto que puede llamarlos uno a uno por su nombre. Él es el medio (la puerta) que hay que utilizar para llegar a la salvación. El que escucha su voz y responde a su llamado, entra y sale, y puede encontrar pastos (sustento – vida - salvación). Es más, puede acceder a una vida abundante. Es decir una vida vivida con plenitud. Una vida plena en todos los sentidos posibles e imaginables. De esta vida plena surge también la promesa de la vida eterna.
-      Es importante destacar que en medio de tantas situaciones que vivimos como sociedad en las que no se defiende la vida, lo que Jesús anuncia en este pasaje es que vino a traer vida en abundancia.
-      En medio de tantos y tantas que quieren limitar las vidas de sus semejantes, para que terminen siendo iguales a ellos mismos, Jesús anuncia la bendición de poder vivir plenamente la vida que Dios nos regala.
-      En medio de tantos hermanos y hermanas creyentes, que debido a sus miedos y prejuicios, condenan ciertas maneras de vivir, Jesús anuncia la bendición de poder vivir plenamente la vida que Dios nos regala.
-      En medio de tantos modelos enaltecidos e ideales construidos siguiendo cualquier cosa, menos la Palabra de Dios, Jesús anuncia la bendición de poder vivir plenamente la vida que Dios nos regala.  
-      En medio de tantas situaciones en las que se denigra la vida de nuestros semejantes, por ser negros, por ser mujeres, por ser obesos, por no estar “a la moda”, o por lo que sea, Jesús anuncia la bendición de poder vivir plenamente la vida que Dios nos regala.

Jesús no se encarga de aclarar quiénes son los ladrones que se trepan las paredes para robar, matar y destruir. Este es un ejercicio que tenían que hacer sus oyentes y que tenemos que hacer también nosotros el día de hoy. Algunos comentaristas creen que podrían entrar aquí los falsos mesías que se levantaban regularmente en ese tiempo. Por otro lado, el pasaje anterior (la sanación del ciego de nacimiento y su enfrentamiento con los fariseos) nos ayuda a pensar de quiénes se puede tratar también. Y en tercer lugar, la lista que acabamos de hacer de quienes atentan, queriendo o sin querer, con la vida abundante que Jesús vino a traer.
En principio son personas a las que Dios no ha enviado para eso, son personas que terminan sin cuidar ni guiar a nadie, son personas que terminan –muchas veces- haciendo daño, o incluso, causando destrucción y muerte. Son personas que no buscan ni quieren que otros/as vivan sus vidas plenamente, como Jesús sí lo quiso y nos consta en el Evangelio de hoy.

Respecto de la segunda lectura (1 Pedro), podemos decir que a primera vista es un texto difícil. Es difícil porque es muy probable que no nos guste lo que leemos. Repasemos qué dice… En una lectura superficial Pedro pareciera decir: soporte cada uno lo que le toque, porque más soportó Jesús. Es como que de alguna manera, Pedro justificara situaciones de opresión, porque Jesús soportó mucho. Es por este motivo que debemos hacer lecturas profundas y analizar los textos bíblicos teniendo en cuenta el contexto total del Evangelio.

En la carta se hace mención de, por lo menos, tres diferentes tipos de opresión y sufrimiento injusto: el sufrimiento de los esclavos por sus amos (2:18), el sufrimiento de las mujeres por sus maridos (3:1ss), y el sufrimiento del pueblo por sus gobernantes (2:13ss).
Afirma el teólogo Samuel Almada: “Estas tres situaciones reflejan condiciones concretas del contexto social, político y cultural de la época, y dan pie para presentar una ética de defensa frente al sufrimiento padecido injustamente; este es el tema central de la sección y uno de los ejes principales de toda la epístola”.
Vale decir que nuestras Biblias traducen la palabra griega járis por aprobación o aprobado en los vs. 19 y 20. Esta palabra significa literalmente “gracia”. Por lo tanto no es que sufriendo injustamente encontramos la aprobación de Dios, donde pareciera que Dios quiere que suframos, sino que en el sufrimiento injusto, el autor afirma que recibimos la gracia de Dios. Es un detalle que cambia totalmente el sentido del pasaje y de toda la carta. No vamos a recibir la gracia de Dios si nos castigan porque hemos hecho algo malo, y el castigo es consecuencia de nuestros actos. Pero sí vamos a recibir gracia de Dios, si sin hacer nada malo, nos castigan injustamente. De esta manera, la carta da aliento, confianza y esperanza a las personas o comunidades que estaban atravesando situaciones de opresión e injusticia.

De esta manera, tenemos que tener presente que Dios en Jesús vino para que tengamos vida abundante, para que podamos vivir plenamente la vida que Dios nos regala, para que confiemos en la promesa de la vida eterna. La carta de Pedro nos muestra, justamente, la esperanza y la confianza que tenemos que tener cuando enfrentamos situaciones difíciles o injustas. En esos momentos de dificultad y de padecimiento recibimos la gracia de Dios.

Quiera Dios que podamos disfrutar y vivir plenamente la vida que Jesús anuncia como regalo de Dios. Quiera Dios también, que no cercenemos ni limitemos la vida que Dios les regala a nuestro prójimo, causando destrucción y muerte, sino que seamos proclamadores y facilitadores de la vida abundante. Por último, quiera Dios que si nos toca atravesar momentos en donde nos sintamos sometidos o maltratados, podamos recordar que esa no es la voluntad de Dios y que recibiremos la bendición revolucionaria de su gracia. Que así sea, Amén.

P. Maximiliano A. Heusser
Córdoba, Argentina.

martes, 29 de abril de 2014

Predicación

Domingo 27 de Abril de 2014 – Culto del Pacto
Leer: Juan 20:19-31
P. Maximiliano A. Heusser

El Culto del Pacto fue instituído por Juan Wesley, fundador del movimiento metodista, allá en el año 1755. Wesley lo hizo porque creía que, por lo menos una vez al año, debíamos volver a comprometernos con Dios de una manera especial y profunda.

Hace un par de años una maestra del Jardín de Infantes “Arco Iris” de la Iglesia Metodista en Temperley, nos había invitado a la confirmación de sus votos matrimoniales, cumpliendo recién diez años de casados. Su argumento fue que habiendo tantos matrimonios que se separan, había que festejar la decisión de seguir juntos.

El Culto del Pacto para Wesley tiene que ver un poco con esto. Con la necesidad de confirmar o renovar la elección que hemos hecho. Y si nunca lo hemos hecho, será significativa la decisión que tomemos, en cuanto a nuestra relación con el Señor.

Entremos en el texto del Evangelio de Juan que nos ayudará a reflexionar en este sentido. Tenemos que recordar que en lo inmediatamente anterior, es María Magdalena, quien muy temprano va al sepulcro y ve la piedra corrida. Ella rápidamente informa esto a Pedro y a Juan, quienes corriendo llegan y ven lo mismo. Pedro entra primero y ve el sudario y las vendas y después entra Juan. Ellos no terminan de entender lo que estaba pasando. Jesús se le aparece a María Magdalena y le pide que les cuente a los demás que lo ha visto.

Juan nos dice que sobre el final de ese mismo día, los discípulos estaban encerrados. María les ha contado que habló con él, pero ellos mucho no le creen: “Habla cosas de locos, dice que lo vio”.

Es en medio de ese clima que Jesús se aparece ante ellos y todos lo pueden ver (salvo Tomás). Jesús les desea la paz y les muestra las heridas de la cruz en sus manos y costado. Les dice que como Dios lo envía a él, Él los envía a ellos. Sopla sobre ellos para que reciban el Espíritu Santo. Les da poder, el mismo poder que él tuvo para perdonar y sanar personas.

Conocemos y acabamos de leer el resto del pasaje. Cuando vuelve Tomás, todos le cuentan lo sucedido (como hizo primero María Magdalena) y él no cree, dice que si no ve y toca, no va a creer. Jesús se toma ocho días y vuelve a aparecer en medio de sus discípulos que siguen juntos y con las puertas cerradas. Les vuelve a desear Paz y le pide a Tomás que compruebe, que toque. Y allí la bienaventuranza para aquellos que sin ver creemos en Él. Juan, el evangelista, nos aclara que Jesús hizo más cosas resucitado pero que estas se escribieron para que podamos creer, y creyendo tengamos vida en su nombre.

Cuando leía este pasaje pensaba en lo compleja que es la resurrección. Además de ser el hecho más asombroso del NT, es algo que a sus propios discípulos les cuesta trabajo creer. Lo cuenta primero María Magdalena y mucho no le creen, no hay mucho cambio en el grupo... Se lo cuentan todos a Tomás cuando Jesús se les aparece a ellos, Tomás no cree y el grupo sigue junto y con las puertas cerradas... Finalmente ellos y Tomás creyeron, y es recién ahí, como sabemos, que comienzan a haber cambios...

El hecho de la resurrección, en cuanto el “si” de Dios al proyecto vivido y sostenido por Jesús en sus enseñanzas y ministerio es un hecho complejo, porque nos debemos dejar afectar por él. Debemos dejarnos afectar por el Jesús resucitado. Y recién ahí podremos vivir los cambios necesarios en nuestra vida...

Hace poco escuchaba a un especialista en neurología que hablaba del funcionamiento del cerebro en cuanto a la memoria. Afirmaba que uno no recuerda cualquier cosa, suele recordar mucho más aquellas cosas que tienen un valor afectivo, una carga emocional. Aquellas cosas que fueron significativas.

Históricamente los cristianos afirmamos una y otra vez la resurrección del Señor. No sólo como un hecho histórico, sino mucho mejor, como un momento significativo y cargado emocionalmente para la vida de la cristiandad. Por esto nadie olvida la resurrección... Porque es un hecho que afectó la vida de los discípulos y afecta de la misma manera nuestra propia vida, si es que se lo permitimos...

Decíamos el domingo pasado que la cruz vacía, la cruz que nos recuerda la resurrección del Señor, era una pregunta que se levantaba en el aire. Es una pregunta que hoy vamos a intentar responder. No es una pregunta sencilla, es una pregunta importante, de esas que uno tiene que meditar, de esas que uno piensa mucho...

Si no me equivoco, la madre de Einstein, cuando éste volvía de la escuela, no le preguntaba qué había aprendido, sino qué había preguntado. De ahí que este gran pensador hablara siempre de la importancia de hacer y hacerse preguntas.

Sigue en pie la pregunta que nos hace la cruz vacía de la resurrección: ¿Me seguís?

Un comentarista bíblico explica: “No nos dice [Juan] el evangelista que los discípulos “no creyeran” en el Resucitado; con excepción de Tomás, todos lo habían visto y creían en él; pero una cosa es creer y otra abrirse a las implicaciones que tiene la fe, y ese es el proceso que le toma a la comunidad de discípulos un buen tiempo, tiempo por demás en el que Jesús, con toda paciencia y comprensión, está ahí cercano, acompañando, animando y ayudando a madurar la fe de cada discípulo”.

Se trata entonces de poder pasar del creer liviano al creer comprometido. El creer liviano puede ser aquél que piensa que hay algo más allá. Aquél que está de acuerdo en que una mente superior debe haber creado todo el mundo y el universo. El creer liviano es aquél que puede venir a la Iglesia pero no es movilizado por el Evangelio. Es el famoso o famosa “calienta bancos”.

Si los discípulos no se hubieran dejado afectar por la resurrección, sus vidas nunca hubieran cambiado tanto. Si los discípulos no hubieran respondido con sus vidas al Jesús resucitado, hoy no habría ninguna iglesia cristiana. Y además, nadie sabría que un tal Jesús Nazareno murió en una cruz en el Gólgota, ni sabría por qué murió, ni lo que hizo y enseñó en su vida.

En este Culto del Pacto que celebramos hoy, nos toca a nosotros y nosotras decidir si vamos a dejarnos afectar por el Jesús resucitado o nos vamos a quedar “en el molde”, como se suele decir…

Es Jesucristo resucitado quien nos invita a sumarnos a su proyecto. Es Jesucristo quien nos invita a sumarnos en la búsqueda de su Reino en medio nuestro. Y esto no de palabra nada más, sino que debe ser respondido con nuestra vida. Como dijo el comentarista, “abrirnos a las implicaciones que tiene la fe”.

Quiero terminar con este poema del Obispo (e) Federico Pagura: “Solitario”. Luego tendremos unos minutos para orar en silencio, pensando a qué nos comprometemos en este Pacto con nuestro Señor.



Si supieras
Cuánto te ama el que te ha creado,
Que jamás te ha abandonado,
Que jamás te dejará.
Si supieras
Cuánto sufre por tu ausencia,
Cómo aguarda con paciencia
Que lo vuelvas a encontrar,

No andarías
Arrastrando por el mundo
Ese gesto iracundo que no oculta tu dolor
No andarías
Consumiendo tu existencia,
La sagrada y rica herencia
Que la vida te entregó.
Hallarías lo que tanto añora tu alma,
la alegría de vivir,
la paz del perdón.

¡Solitario!
No te escondas en la masa,
No te pierdas en el ruido
Y el sopor de la ciudad
No te olvides
¡Aturdido!
Rompe al fin tu indiferencia,
Deja que entre a tu conciencia
Un rayito de verdad.

 ¡Solitario!
No te des al abandono
Ni te engañes con razones
Que no son la realidad.
¡Descreído!
Morirás de pena y frío
En la cárcel de tu hastío
Si no aprendes a confiar.

Si supieras
Que esa cruz que cuelga al pecho
De tu cuerpo ya deshecho
De rodar y de rodar,
No es adorno
Ni fetiche ni amuleto
Sino clave de un secreto
Que te puede libertar.

¡Contémplala!
Son dos brazos que te invitan,
Es Dios mismo que te cita
Al refugio de su hogar.
No le aflojes,
Sacudí tu altanería,
Que ante Dios no es cobardía
Nuestro orgullo doblegar.
No te olvides
Que la vida se nos pasa
Y con ella la ocasión
De un nuevo empezar.

sábado, 8 de marzo de 2014

Predicación

Mensaje
1º Domingo de Cuaresma – 09 de Marzo 2014

Leer:
Génesis 3:1-7: La serpiente invita a los seres humanos a desobedecer a Dios.
Romanos 5:12-19: Así que como por la trasgresión de uno, Adán, vino el pecado y la condenación, por Jesucristo vino la justicia y la gracia de Dios.
Mateo 4:1-11: El ayuno de cuarenta días de Jesús en el desierto, luego, las tentaciones.

Hoy es el primer domingo del tiempo de Cuaresma. Este tiempo en donde acompañamos a Jesús en su camino hacia su pasión, muerte y resurrección. Es mirando su ministerio y cómo cumple la voluntad de su Padre que debemos analizar y examinar nuestro propio discipulado.

Los textos que acabamos de compartir nos hacen reflexionar sobre la tentación y el pecado. Por un lado, la tentación de los primeros seres humanos (Génesis) y las tentaciones de Jesús antes de comenzar su ministerio (Mateo), y por otro lado, cómo por esa tentación originaria aparece el pecado en el mundo (Romanos).

Vamos a comenzar refiriéndonos al relato del Génesis. Esta es una historia muy conocida por todas las personas que viven en culturas judeocristianas o musulmanas. Si ustedes tuvieran que decir qué tipo de texto es, ¿Qué dirían? ¿Es un relato histórico? ¿Es un relato novelado? ¿De qué se trata? …

Como gran parte de los relatos contenidos en los primeros 11 capítulos del libro de Génesis, se tratan de relatos mitológicos. Pero el mito ¿es una mentira?, NO! Los relatos mitológicos son construcciones que personas creyentes como nosotros/as realizaron bajo la guía del Espíritu Santo, para explicar desde la fe el principio de algo, el origen de algo que antes no existía.

De esta manera, el relato de Génesis desarrolla la desobediencia a Dios del ser humano (varón y mujer). Aprovecho para aclarar que digo “varón y mujer”, porque en el relato son ambos quienes desobedecen. La Iglesia se encargó por mucho tiempo de poner una carga más negativa en Eva que en Adán, poniéndola casi a la par de la serpiente. En ese entendimiento Adán era la víctima de Eva y la serpiente. Vale decir, que ambos deciden comer del fruto prohibido, ambos desobedecen y ambos enfrentarán las consecuencias de sus actos.

Este texto nos quiere explicar que desde un principio al ser humano le cuesta hacer la voluntad de Dios. Dios marca un camino y el ser humano, nosotros y nosotras, buscamos recorrer otros.

Por otro lado, el texto de Romanos trabaja con el antagonismo de dos figuras. Adán es la figura de la transgresión y la desobediencia (por ende, del pecado) y Jesucristo es la figura de la obediencia, de la justicia y la gracia salvadora de Dios. Por uno (Adán) vino lo malo, por otro (Jesucristo) vino lo bueno. Es de destacar que Pablo, que ha realizado tantas afirmaciones un tanto discutibles respecto de las mujeres, no mencione a Eva en la alusión al la desobediencia originaria.

Finalmente, el texto del Evangelio nos relata que luego del bautismo, Jesús es llevado al desierto por el Espíritu Santo para ser tentado por el diablo.
Jesús enfrenta 40 días en el desierto, de la misma manera que el pueblo de Israel enfrentó 40 años en el desierto, luego de la salida de Egipto.
El pueblo de Israel cayó en la tentación en reiteradas oportunidades en ese tiempo.
Jesús vence cada una de las tentaciones que enfrenta.

1. La primera tentación tiene que ver con el hambre que le ha producido el tiempo de ayuno. El tentador le dice que si “es el Hijo de Dios” (como se escuchó en su reciente bautismo) convierta las piedras en pan. Jesús responde con una cita del Deuteronomio.
Jesús no hace cosas espectaculares para probar su condición de Hijo de Dios, y mucho menos, para servirse él mismo. Jesús no pone a Dios al servicio de su propio interés, como nosotros pretendemos hacer tantas veces (“Dios máquina”).

2. En la segunda tentación el diablo lo lleva al pináculo del Templo y le dice que si es el Hijo de Dios se tire, porque dice “la Palabra” que mandará sus ángeles cerca de ti. El diablo usa el argumento de la respuesta de Jesús a la primera tentación. Esta tentación está en la línea de lo que la gente y los fariseos le pedirían más tarde a Jesús. Es decir, que muestre quién es haciendo señales del cielo (Mt. 16.1). Esto nos pasa a nosotros/as. Muchas veces queremos que Dios haga algo milagroso para que otros crean. Justamente por esto, Jesús no se tiró del Templo. La bienaventuranza es para el que cree sin ver.

3. La tercera tentación tiene que ver con el poder y la gloria personal. El diablo le ofrece todos los reinos del mundo, si postrado, lo adora. Jesús le responde que sólo a Dios se adora y se sirve. Nosotros, sirviendo, muchas veces terminamos buscando reconocimiento personal, halagos, palmadas en la espalda y felicitaciones. A veces sin darnos cuenta, otras dándonos cuenta. El poder también es algo que en la Iglesia está presente. A veces lo usamos visiblemente y de forma correcta. Otras veces lo usamos de mala manera y mucho más disimuladamente, para que no se nos vea. Cayendo así en la tentación del poder…

Jesús resiste y vence cada una de las tentaciones que tienen que ver con quién es, con el poder que tiene y con qué misión tiene que llevar adelante.

Si en el tiempo de Cuaresma reflexionamos sobre nuestro propio discipulado a la luz del ministerio de Jesús, hoy nos toca reflexionar sobre las tentaciones que enfrentamos en nuestro caminar. Como dijimos, pueden ser tentaciones similares a las de Jesús. Así deberemos enfrentar y superar:
- La tentación de querer poner a Dios a nuestro propio interés (Dios máquina).
- La tentación de pedirle a Dios que haga milagros para que otros crean (sin fe).
- La tentación del reconocimiento, de la gloria personal, de usar el poder según nuestros propios deseos.

Hoy en política se habla bastante de proyecto. El oficialismo habla de “proyecto nacional y popular”. Al margen de la política partidaria, un proyecto de país son los lineamientos y los criterios que fundamentan y sostienen la gestión, las políticas que se llevan adelante, las decisiones que se toman, la utilización de fondos, etc. Estos lineamientos y criterios fundamentales serán la columna vertebral.
Creo que con esto tienen que ver los textos de hoy. Los pasajes nos animan a pensar en el proyecto. ¿En qué proyecto? ¡En el proyecto de Dios!

Adán y Eva, en el relato mitológico de Génesis, no logran vencer la tentación y contradicen (simbólicamente) el proyecto de Dios. Dios quería que vivieran de una determinada manera y actúan en contra. No permanecen alineados en el proyecto ideado por su Padre Dios.

Las tentaciones que enfrenta Jesús (de la mano de opositor) son las mismas. Es tentado a no seguir el proyecto salvífico de Dios y hacer lo que se le de la gana y como se le de la gana.

Miramos nuestro discipulado viendo y reflexionando cuántas veces decidimos abandonar el proyecto de Dios para nuestra vida, haciendo lo que se nos da la gana. Miramos la vida y misión de nuestra Iglesia viendo y reflexionando cuántas veces nos ponemos al margen del proyecto salvífico de Dios, haciendo poco o no haciendo nada.

Jesús vence las tentaciones porque tiene clarísimo qué es lo que Dios espera de él y cuál es el proyecto de su Padre.

Nosotros también tenemos que tener claridad sobre lo que entendemos que Dios espera de nosotros y sobre cuál es su proyecto. Como comunidad de fe, también deberemos “poner las barbas en remojo” y alinearnos nuevamente con el proyecto salvífico de Dios.

Cada grupo (persona) de la Iglesia deberá reflexionar sobre el proyecto salvífico de Dios.

¿Lo estoy cumpliendo? ¿Estoy alineado? ¿Estoy trabajando para eso? ¿Busco permanentemente hacer lo que entiendo que es la voluntad de Dios?

Fíjense algunos de los lineamientos de trabajo que nos han propuesto desde el año pasado el Obispo y la Junta General.

* Ser congregaciones amorosas, contenedoras, inclusivas y sanadoras.

* Ser congregaciones que hacen nuevos discípulos y discípulas.

* Ser congregaciones abiertas a los cambios y movimientos que se producen en la gran parroquia donde estamos insertos.

* Ser congregaciones proféticas, que se sumen con otros espacios sociales a la búsqueda de una sociedad más justa e igualitaria.

Quiera Dios que en este tiempo de Cuaresma, realmente podamos buscar alinearnos con el proyecto salvífico y liberador de nuestro Dios, para marcar la diferencia en el lugar en el que estemos.

Que el Señor nos bendiga! Amén. 

P. Maximiliano A. Heusser

martes, 1 de octubre de 2013

Predicación

 
29 de Septiembre - 19º de Pentecostés.
P. Maximiliano A. Heusser

Amós 6:1ª; 4-7 - Lucas 16:19-31

Vamos a comenzar describiendo a estos dos personajes tan diferentes que el relato del Evangelio nos propone en boca de Jesús. ¿Qué se dice de cada uno?
Hay un hombre rico, que se viste de púrpura y de lino fino. Hoy sería un hombre que se viste con trajes finos diseñados en Italia, por ejemplo...
También vale la pena mencionar que el rico no tiene nombre y el pobre si. En esto, Lucas (el evangelista) ha sido un rebelde. Históricamente siempre han sido escritos y recordados los nombres de las personas importantes y poderosas. Que Lucas sólo mencione el nombre de Lázaro ya es un mensaje evangélico en sí mismo. Por otro lado, Lázaro significa en hebreo “Dios ayuda” (a quien Dios ayuda). No es un dato menor. Este hombre rico también hacía banquetes a diario y no solo los días de fiesta (como solía acostumbrarse).
De Lázaro se dice que era un mendigo, es decir, alguien que pide para vivir. También se dice que estaba siempre en la puerta de entrada del hombre rico y ansiaba comer las migajas que caían de la mesa. Quienes estudian las costumbres del tiempo bíblico, sostienen que como no se usaban servilletas, los ricos se limpiaban las manos con pan y lo dejaban caer al piso. Es de esas migas (además de los restos de comida) que Lázaro quería alimentarse. Como si esto fuera poco, los perros venían y le lamían las llagas. Estos eran animales impuros que cualquiera hubiera espantado y nunca dejaría que lo tocaran. Lázaro no podía evitar ni siquiera que los perros lamieran sus heridas.
Ambos personajes coinciden en algo, mueren. Claro que tienen distintos destinos y direcciones. El relato menciona que Lázaro fue llevado por ángeles al cielo, mientras que el rico que también había muerto, fue sepultado. Uno va para arriba, otro va para abajo (como decimos en criollo).

Una lectura que hemos hecho los cristianos de este relato, se ha detenido en la condición de cada uno de estos personajes: Lázaro, el pobre y el hombre rico. Marcando que todo lo que hagamos en vida tendrá su consecuencia en el más allá. Esta idea se basa en el vs. 25: Abrahán le dijo: “Hijo mío, acuérdate de que, mientras vivías, tú recibiste tus bienes y Lázaro recibió sus males. Pero ahora, aquí él recibe consuelo y tú recibes tormentos. Esto puede ser para bien, en el caso de que hayamos vivido una vida obediente a Dios o para mal, en el caso de que hayamos estado lejos de Dios. De la misma manera, si vivimos una vida de sufrimiento y padecimientos, en el más allá seremos recompensados (como Lázaro). Y si hemos vivido una vida llena de riquezas y gran cantidad de bienes, en el más allá nos tocaría vivir una vida con casi nada...
Esta idea o lectura del texto es bastante determinista. ¿Qué quiero decir? Que de esta manera pareciera que el texto nos dijera que las cosas se dan como se dan y que no hay nada que en esta vida, se pueda o se deba hacer para remediarlo.
Por ejemplo: Si me tocó ser rico, que bueno! A disfrutar, porque quizás en el más allá me toque todo lo contrario... Y por el otro lado: Si me tocó ser pobre, mala suerte! Pero bueno, hay que aguantar, porque en el más allá no me faltará nada...
Esta lectura es determinista porque no hay ningún cambio posible... nada de lo que le toca vivir a la humanidad hoy es responsabilidad mía. Ni tampoco puedo hacer nada para que las cosas sean distintas...
La última parte del relato, el consejo de Abraham, nos ayuda a pensar de otra manera. ¿Por qué será necesario escuchar a Moisés y a los profetas? ¿Será que nos pueden ayudar a pensar diferente?

Lo primero que tenemos que notar es que Lázaro vive en la miseria (por lo menos en parte) porque el rico ni siquiera lo ve. No le da ni las sobras aún haciendo banquete todos los días (y no sólo los días de fiesta como era costumbre). El rico sin nombre tiene responsabilidad para con Lázaro. El egoísmo total es lo que hace a este hombre rico llegar al lugar que llega.

Es interesante que al escuchar el hombre rico a Abraham, logra salir de sí mismo y comienza a preocuparse por los suyos, por sus hermanos, su familia. De alguna manera, aunque tarde, comienza a abrir los ojos y a ver la realidad, comienza a ver a los demás, a quienes lo rodean, logra salir de sí mismo para ver a otros y otras.

Sorprende la respuesta de Abraham porque pareciera “tomarle el pelo” al rico. Pero ¿Le toma el pelo?
Un comentarista, Javier Matoses, menciona que el rico quería una experiencia impactante para sus hermanos, que un muerto volviera a la vida. Casi como muchas de las publicidades de hoy en día. Productos que ofrecen sensaciones y vivencias impactantes y extraordinarias. Y la respuesta de Abraham va el otra dirección. No hacen falta sensaciones extraordinarias... si van a la sinagoga cada semana y escuchan la lectura de los textos sagrados, van a entender... La salvación está al alcance de la mano...

La fuerza que transforma la vida de las personas y las hace cambiar de vida, de actitud, de modo de pensar, de relacionarse con los demás y con el mundo, está contenida en Su Palabra. Por eso decimos que la Palabra de Dios es poderosa. Porque si realmente le prestamos atención, podremos escuchar la voz de Dios que, una vez más, nos invita a cambiar...

El texto del Evangelio nos debe hacer pensar en lo egoístas que somos...
En cómo nos acostumbramos a ciertas cosas y ya no las “vemos”...
En la necesidad de leer y escuchar su Palabra...
En la responsabilidad que tenemos en vida, de hacer nuestra vida y la de otros, diferente, mejor, con más posibilidades, con mayor inclusión...
En este sentido, la Iglesia, y nosotros como parte de ella, tenemos la responsabilidad no solo de anunciar el Evangelio, sino de denunciar... Anuncio y denuncia, van de la mano, como nos lo afirmaba enfáticamente el Obispo (e) Federico Pagura cuando estuvo en Córdoba. Esta es la misión que cumple Amós en el pasaje del AT. Denuncia la riqueza y el derroche de los ricos que oprimen a los pobres para poder vivir así. Esos ricos se “alimentaban” de la vida de los pobres...

Quiera Dios que el Evangelio nos movilice y se haga carne en nosotros y nosotras, asumiendo el desafío de ser discípulos y discípulas fieles al Dios que nos sigue llamando. Que así sea, Amén.


jueves, 19 de septiembre de 2013

Predicación 15 de Septiembre

17º Domingo de Pentecostés
Salmo 51:1-11 - Éxodo 32:7-14 - 1 Timoteo 1:12-17 - Lucas 15:1-10.

Hoy nos toca hablar de pecado. Venimos transitando el tiempo litúrgico en el que vemos cómo somos, cómo espera Dios que seamos y qué espera de nosotros, la Iglesia.
Es importante reflexionar sobre el pecado, no porque seamos moralistas o insistamos en lo pecadores que somos para auto castigarnos. No, reflexionamos sobre el pecado para no olvidar que somos pecadores, y que cuando creemos tener las cosas “claras”, muchas veces estamos pecando.

En el texto del AT se nos muestra la dureza de corazón del pueblo de Dios, que ante las dificultades necesitaba otro “tipo” de Dios, uno que pudieran ver y tocar, como el becerro de oro. Dios los liberó de Egipto guiando en ese desafío a Moisés, pero ellos se apartaron de Él. Es el pueblo elegido, pero es un pueblo pecador que se aparta de Dios… Está presente el pecado.

En el pasaje de la carta de Pablo a Timoteo, es Pablo mismo quien se reconoce como un pecador en el que actuó la gracia y el amor de Dios. Pablo dice que Jesús vino a salvar a los pecadores, de los cuales él es el primero. Otra vez… Está presente el pecado.

Finalmente el texto del Evangelio de Lucas también nos habla de pecado. Comienza diciendo el pasaje que se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para oírlo. Los fariseos y los escribas murmuran debido a esto, considerando que un maestro no se debía juntar con “esa” gente. Jesús responde al murmullo con tres parábolas. El leccionario nos propone detenernos en las dos primeras, la de la oveja perdida y la de la moneda perdida. En estas parábolas, la estructura interna está compuesta por: pérdida – encuentro – gozo.
La frase fuerte de Jesús en el caso de la primera es: “Les digo que así también será en el cielo: habrá más gozo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lc 15:7). En el caso de la segunda parábola es: “Yo les digo a ustedes que el mismo gozo hay delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (15:10).
Los escribas y fariseos eran hombres que conocían, estudiaban y cumplían la Ley. Esta observancia de la Ley los distanciaba de tantas personas que no podían cumplir las leyes que ellos mismos habían escrito y aplicaban. Todas las personas que no cumplían con sus leyes y normas eran considerados impuras, y por lo tanto, personas pecadoras.

Es muy significativo que sean estos impuros/as y pecadores quienes se acercan a escuchar a Jesús. ¿Por qué se acercan? ¿Jesús les habla de algo que les gusta escuchar? ¿Jesús los anima a ser impuros o no cumplir la Ley? ¿De qué les habla Jesús? ¿Cuál es la actitud que Jesús tiene para con estos grupos de impuros, pecadores y excluidos?

La iglesia cristiana tiene todavía tanto que aprender del Maestro de Nazaret y de su manera de relacionarse con las personas…
Vale decir que estas personas eran consideradas de esta forma negativa por leyes y normas que estos grupos de estudiosos y conocedores habían escrito o hacían cumplir. De manera, que estas personas que escuchan a Jesús y se acercan a él, quizás no eran tan pecadores como los legalistas “religiosos” afirmaban.

Por esto resultan sugestivas las afirmaciones de Jesús respecto del gozo por el arrepentimiento de los pecadores.
La tradición ha considerado a lo largo de los años que en este relato los pecadores son quienes escuchan y se acercan a Jesús: publicanos, prostitutas, gente pobre, gente enferma, gente con necesidades… De esta manera se pone el acento en que Dios recibe y perdona a esta “pobre gente”. En esta interpretación se acentúa el perdón amoroso de Dios para todos aquellos que se apartan de una vida de pecado.

Pero… ¿De qué pecadores habla? ¿De los publicanos y compañía? ¿O hablará de aquellos que decían quiénes eran los impuros y los pecadores? Si fuera así, la cuestión se torna diferente. En esta línea de interpretación el foco se pone sobre los escribas y fariseos, y en consecuencia, sobre nosotros, personas de iglesia, gente de fe, buenos hermanos, buenas hermanas, gente de Dios. El acento no deja de ser el perdón de Dios, salvo que ahora se trata del perdón de Dios para nosotros y nosotras… quienes ya creemos en Él.

Tomémonos un momento para pensar… ¿Cuántas veces los cristianos, personas de bien, hombres y mujeres consagrados/as a Dios, nos hemos levantado en adalides de la santidad (o de una presunta santidad) indicando con nuestro dedo índice, o mucho más sutilmente, con miradas, comentarios, actitudes, falta de atención, desprecio, quiénes son los pecadores e impuros en nuestra sociedad?

Seguramente hemos dicho o hemos escuchado alguna de las siguientes frases: “no vive de acuerdo a la Palabra”; “vive en pecado”; “no está en el camino”; “viven muy livianamente”; “eso no es lo que Dios manda”; “Si vive así no puede estar verdaderamente consagrada”; “La Palabra les condena”; “Yo no lo juzgo, Dios lo va a juzgar”; “Yo no discrimino a nadie, pero esa forma de vivir no es de Dios”; “No se qué Biblia lees vos, pero la mía dice que sos pecador”, etc. 
¿Es esta la forma en la que Jesús, nuestro Maestro, se relaciona con quienes se acercan a él?

Hemos sido los cristianos quienes hemos justificado bíblicamente la necesidad y lo beneficioso de tener esclavos.
Hemos sido los cristianos quienes hemos justificado bíblicamente la necesidad de colonizar otros pueblos, otras culturas, otras creencias.
Hemos sido los cristianos quienes, con fundamento bíblico, hemos desarrollado el sistema de segregación racial en Sudáfrica denominado “Apartheid” hasta el año 1992.
Hemos sido los cristianos quienes afirmábamos en plena dictadura militar argentina: “aquí no pasa nada”, “los argentinos somos derechos y humanos”.
Hemos sido los cristianos quienes hemos salido a la calle, cacerola en mano, reclamando por nuestros ahorros, pero no nos hemos movido ni un metro para reclamar por el hambre de nuestro prójimo.

¿Quiénes son los pecadores del relato del Evangelio?
¿Quiénes son los que se tienen que convertir y habrá gozo en el cielo?
¿Quiénes necesitan tener más amor de Dios en su corazón?
¿Quiénes deben dejar de juzgar para comenzar a amar?

Presentación: “¿Quiénes son pos pecadores?”.

Decía al comienzo que siempre es bueno reflexionar sobre el pecado. Ahora debemos asumir nuestra culpa, nuestras faltas, nuestra distancia de la práctica de Jesús, nuestro juicio fácil, nuestra falta de amor…

Quiera nuestro buen Dios, darnos corazones honestos, para que podamos volvernos a Dios. Para que podamos tener un corazón como el de Jesús, quien no juzgó ni condenó a los que no eran “tan santos”, sino que se acercó a ellos, les habló, los escuchó, los incluyó, y se hizo uno de ellos, en contra de lo que los “supuestamente buenos” decían que había que hacer. Que así sea, Amén.

P. Maximiliano A. Heusser
Córdoba, Argentina.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Pagura en Córdoba



En el día de ayer, jueves 5 de Septiembre, se realizó en las instalaciones de la iglesia Metodista del Centro de Córdoba, bajo la organización del Centro Ecuménico Cristiano de Córdoba (CECC), la tercera presentación del libro: “Federico Pagura, Alborada de esperanza: Vida y testimonio de un profeta latinoamericano” de los autores Carlos Sintado y Juan Quintero Pérez.
En la presentación destacaron distintos aspectos del libro, su autor, Carlos Sintado; el teólogo católico y amigo de Federico, Oscar Lupori; y finalmente el mismo Pagura repasó algunos de los momentos más significativos de su vida y ministerio.
También se contó con la presencia del Lic. Marcelo Castagno, subdirector de Culto y Colectividades de la Municipalidad de Córdoba, quien entregó al Obispo emérito el decreto del Intendente Municipal, Dr. Mestre, nombrándolo “visitante ilustre de la ciudad de Córdoba”.
En la presentación también se cantaron algunas de las canciones compuestas por Pagura, como el Sursum Corda, Alegría, y se cerró con el infaltable tango Tenemos Esperanza.

Maximiliano A. Heusser

sábado, 31 de agosto de 2013

Predicación

15º Domingo de Pentecostés
01 de Septiembre de 2013
P. Maximiliano A. Heusser
Proverbios 25:6-7 - Hebreos 13:1-8, 15-16 - Lucas 14:1, 7-14

El texto del Evangelio del fin de semana pasado también nos hablaba de algo que sucedía en día sábado: la sanación de la mujer encorvada. Hoy, el texto del Evangelio también nos ubica en un día sábado. El relato inmediatamente anterior al pasaje de hoy nos cuenta que siendo sábado, un gobernante fariseo invita a Jesús a comer en su casa. Allí, para arrancar, sana a un hombre hidrópico (retención de líquidos), volviendo a sanar en día sábado. A continuación el relato de hoy, estas enseñanzas en torno a los lugares en la fiesta y a los invitados.
Las listas de invitados/as y poner sus nombres en las mesas ha solucionado el problema de ubicarse uno mismo en algún lugar.
Jesús no está hablando de modales, de educación o de reglas de etiqueta, está hablando del Reino de Dios, por eso lo que dice es importante y debe ser Evangelio para cada uno de nosotros y nosotras.

Jesús comienza hablando de los lugares en los que la gente se sienta o se quiere sentar en una fiesta. Hay lugares más importantes, de mayor reconocimiento y hay lugares menos importantes y de menor reconocimiento.
“Jesús no enseña simples normas de comportamiento social, sino que parte de las buenas maneras al sentarse a la mesa para sacar conclusiones acerca del Reino” (Armando Levoratti).

Mi suegro, docente rural jubilado, siempre recuerda que en un pueblo pequeño en el interior de Chubut, Corcovado, cuando se hacían las fiestas patrias y algún almuerzo para todo el pueblo, había una sola mesa que estaba sobre una pequeña tarima, esa era la mesa de los “notables”, allí se sentaba el jefe comunal, el comisario, el maestro, el médico si había, etc. El resto de los mortales se ubicaban en las otras mesas a ras del suelo. Aunque era un pueblo perdido en la inmensidad de la Patagonia, había lugares de privilegio y honores para algunos pocos.

Lo que Jesús advierte es que no hay que buscar los lugares de privilegio y honor. No puede ser la actitud de un seguidor/a de Jesús, el buscar los lugares importantes, el reconocimiento, los halagos, el trato diferenciado, la autoexaltación. La actitud del discípulo y de la discípula de Jesús no será buscar los primeros lugares.
Aquí podemos preguntarnos por qué. ¿Qué hay de malo en que uno quiera ser halagado? ¿Qué hay de malo en que se me ofrezca un lugar de privilegio? ¿Qué hay de malo en que alguien me haga favores de algún tipo por mi lugar social o por lo que sea? ¿Qué hay de malo en que se me trate bien o mejor que a otros/as? ¿Qué hay de malo?

No hay nada de malo en que se nos trate bien, lo malo será la consecuencia de esto: desinterés por aquellos que no son como uno, despreciar a los demás, a los que están más abajo, a los que no están en mi mismo nivel, a aquellos que no son reconocidos como yo, a aquellos/as que no son tratados tan bien como yo… Los seres humanos tenemos una gran facilidad de en un segundo creernos mejores que los demás. La actitud del cristiano no puede ser creerse mejor que otro, creerse mejor que otra. Recordemos que como dice Jesús en el pasaje de hoy, puede venir el anfitrión y pedir que nos corramos, porque vino alguien más importante que nosotros, y nos manden al último lugar.
En el Reino de Dios no hay lugares de privilegio…
En el Reino de Dios no hay quienes toman decisiones y quienes las tienen que aceptar…
En el Reino de Dios no hay jefes, hay obreros y obreras…
En el Reino de Dios no hay personas más importantes que otras… hay pueblo de Dios.

La segunda parte del texto del Evangelio contiene una recomendación de Jesús al gobernante fariseo que lo ha invitado. El cuestionamiento está en que la norma social indica que si uno ha sido invitado por otro, eventualmente, habrá que retribuir la atención. Esto sucedía y era totalmente habitual en la época de Jesús, pero pasa de la misma manera en nuestro tiempo. El refrán popular dice: “favor con favor se paga”. Invitación, con invitación de paga. Ayuda, con ayuda se paga, y así podríamos dar muchos ejemplos.
La lógica de este funcionamiento radica en la retribución. No se invita porque sí, se invita porque se sabe que ya vendrá la invitación como respuesta. Con esta misma lógica hay muchos que ayudan, porque eventualmente esa ayuda también la podré reclamar. Hago un favor a otro o a otra, porque eventualmente ese favor me será retribuido.

Hay algunos conductores de televisión que acostumbran cerrar sus programas como alguna frase que se hace parte de la rutina. Algunos hacen simplemente un saludo, otros, dicen algo acerca del contenido o los valores que sustentan para ellos su programa. Uno de estos conductores cerraba uno de sus últimos ciclos con la frase: “hagan el bien, porque el bien siempre vuelve”.
Esta aparente buena expresión y un buen deseo, “hagan el bien”, continúa la lógica de la retribución. No hago el bien porque quiero ser bueno o buena, o siento que así se deben hacer las cosas, sino que hago el bien porque quiero que me vuelva el bien. Mi buen accionar está totalmente ligado a lo que quiero que vuelva… El hacer el bien en esta lógica es una especie de 'boomerang'… uno hace lo bueno y lo bueno vuelve…

Esto no es lo que enseña Jesús. El Reino de Dios sigue una lógica distinta. Quienes queremos tener parte en ese Reino debemos actuar de manera diferente. La Iglesia debe funcionar con otra lógica. Jesús enseña que se debe hacer el bien especialmente al que no pueda devolver la atención, al que no pueda devolver el favor, al que no pueda devolver la ayuda…
Porque la verdadera buena acción que surge de un corazón cristiano no busca retribución, busca hacer la voluntad de Dios. 

En los dos casos que menciona Jesús corremos un peligro.
1. En la recomendación sobre los lugares de privilegio (los primeros lugares) Jesús afirma que aquel que se humille será enaltecido. El peligro, hermanos y hermanas es humillarnos pensando en la exaltación posterior. Esto es como la “falsa modestia”. Si hacemos esto, no cambiamos nuestra lógica. La aceptación del Evangelio demanda de cada uno de nosotros y nosotras un cambio de lógica. Un cambio contracultural.
2. En la recomendación de a quiénes invitar (ayudar, dar una mano, etc.) Jesús afirma también que obtendremos recompensa en la resurrección de los justos. Tampoco podemos tener esta actitud, solamente pensando en que seremos recompensados. Porque así no abandonamos la lógica retributiva. Otra vez, la aceptación del Evangelio, demanda de nosotros un cambio contracultural.

Es interesante que, al margen de los peligros que acabamos de mencionar, esto nos cueste tanto. Nos cuesta aun manteniendo nuestra lógica retributiva. Dios tiene tanto trabajo que hacer en nosotros todavía. Dejemos a Dios hacer lo suyo, pero hagamos el esfuerzo de cambiar nuestra vida, lo que nos resulta lógico, buscando la lógica del Reino.

Quiero terminar parafraseando las palabras de la Carta a los Hebreos:

Que el amor fraternal permanezca en nosotros. Y no nos olvidemos de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. Acordémonos de los presos, como si estuviéramos presos con ellos, y también de los que son maltratados, como si nosotros mismos fuéramos los que sufrimos. Todos honremos nuestro matrimonio, y seamos fieles a nuestras parejas; porque a los libertinos y a los adúlteros los juzgará Dios. Vivamos sin ambicionar el dinero. Más bien, conformándonos con lo que ahora tenemos, porque Dios ha dicho: «No te desampararé, ni te abandonaré». Así que podemos decir con toda confianza:
«El Señor es quien me ayuda; no temeré lo que otro pueda hacerme.»

Que así sea, Amén. 
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